Esta copla popular (que no aprendimos en la escuela) encierra en sí la síntesis de la cultura, y como creemos que la educación es el método que sistemáticamente organiza una cultura para reproducirse a sí misma, consideramos necesario explicitar nuestra visión sobre nuestra cultura, para proponer las formas que sirvan para introducir en la enseñanza a nuestra música popular.
En primer término creemos necesario hacer una diferenciación entre cultura popular y "cultura oficial", pensamos que esta diferenciación es producto de la falta de representatividad popular que han tenido en los últimos años los gobiernos que han implementado la cultura oficial, y que esta distancia comenzará a desaparecer en la medida que los gobiernos representen realmente al pueblo.
Debido a esto la cultura oficial ha sido, salvo breves períodos, la representación más fiel de la dependencia cultural, la pacatería y esta cultura no podía dar otro resultado que una educación coherente con ella.
Es fácil entonces comprender por qué los tangos de Discépolo nunca pudieron ir a la Escuela, o porqué, si alguna vez aprendimos una danza folklórica, esa danza no fue el chamamé.
Si no todos, la gran mayoría í, pensamos que la música popular debe ser el habitante natural de la actividad musical en la escuela primaria o egb
Porque desde el punto de vista teórico y pedagógico nos ofrece el material más rico para desarrollar en los niños su capacidad musical.
Porque por su estructura y contenidos explícitos e implícitos es aquella con la que el niño más fácilmente se identifica.
Y porque nos permite transmitir sin intermediarios nuestra cultura a los alumnos.
Creemos que un currículum construido a partir de las necesidades reales de nuestra comunidad educativa debe tener en cuenta algunos elementos básicos.
Falta de reconocimiento y por lo mismo de desarrollo de una identidad cultural existente.
La falta de libertad ha impedido al pueblo expresarse.
Los propios docentes somos producto de una cultura mutilada.
Los medios de difusión masiva no se encuentran, en general, en manos de quienes debieran.
La falta de reconocimiento de esta identidad cultural se ha expresado en la escuela a través de los recursos utilizados en la enseñanza musical.
La mayoría del material se basa en ritmos híbridos que no generan en el niño ninguna o muy poca destreza para su desarrollo, y muchas veces cuando se ha apelado al material folklórico, se ha optado por expresiones en las cuales el espíritu estaba muy diluido.
Se ha hecho escaso uso de canciones, que más allá de lo musical pueden, (por medio del conocimiento y el acercamiento afectivo a las distintas zonas, usos, costumbres u oficios) servir como elemento integrador de las distintas regiones del país.
Incluso no se ha aprovechado suficiente y sistemáticamente la valiosa y amplia producción que los poetas han aportado a la canción (desde Bartolomé Hidalgo hasta Jorge Luis Borges).
Si hablamos de las "canciones patrióticas", generalmente el lenguaje musical y poético son ajenos al lenguaje popular, por lo tanto, difícilmente pueden los chicos identificar en lo concreto La Patria que se nombra en esas canciones.
Recordemos que la falta de libertad ha impedido al pueblo expresarse y cuando lo hizo, sus portavoces fueron silenciados con métodos que fueron desde la censura hasta la desaparición física.
Esta falta de libertad ha hecho que la práctica del canto comunitario haya ido desapareciendo de la vida social en general y de las escuelas en particular.
Esa falta de libertad no se expresa solo en la censura a contenidos ideológicos que pueden transmitir las canciones populares. Se refleja también en las actitudes de algunos directivos y docentes que crea en los establecimientos educacionales un clima opuesto al necesario para desarrollar actividades artísticas que despiertan las potencialidades expresivas y creativas de los jóvenes.
Aún existen en muchos docentes perjuicios instalados en su estructura de pensamiento.
Los medios de difusión masiva (TV, radios, discos, casetes, publicaciones infantiles, ignoran, salvo honrosas excepciones, lo más hermoso de nuestra música popular, la de Latinoamérica e incluso el folklore de todos los pueblos del mundo.
Y si este problema viene de lejos, se ha agravado de tal punto en los últimos años, que si nos tomásemos el trabajo de hacer una encuesta a los alumnos (e incluso a los docentes), comprobaríamos que los primeros ignoraran el significado de palabras comocueca, chaya o loncomeo y los segundos solo lo conocen superficialmente.
Y no estamos proponiendo una postura tradicionalista a ultranza, muy por el contrario, creemos necesario que la escuela sea caja de resonancia de la mejor y más actual producción de nuestros músicos y poetas populares.
No sería interesante, por ejemplo, que las empresas grabadoras y editoriales enviasen su material a organismos educacionales y que estos se encargasen de seleccionar y difundir en las escuelas el material que consideraran de mayor utilidad.
Sabemos que los medios no son manejados como difusores de la cultura popular y no será fácil lograrlo de hoy para mañana, pero creemos que este es un objetivo que no debemos abandonar y entre tanto, como la escuela no es una isla, con los precarios medios a nuestro alcance emprenden a diario una difícil tarea frente a un entorno cultural que alienta manifestaciones que no nos representan, o promueve sub - productos culturales cuyo origen y fin es el lucro, que incluso desprestigia aquellas expresiones que son emergentes reales de nuestra cultura popular.
En el terreno de la docencia es necesaria una reforma muy profunda y para que esta sea verdadera e irreversible, debemos lograr la participación de toda la comunidad educativa para llevarla a cabo.
Nos equivocamos si creemos que la elaboración de un nuevo curriculum o corrección a los actuales basta. Quienes desde la docencia hemos visto pasar una tras otra circulares, currículas y reformas que bajaban desde los despachos ministeriales a las escuelas hasta el docente decía: "amén", y luego de un breve período volvía a la rutina de siempre o, creyendo que era positivo lo propuesto, luego de una etapa de discusión para convencer a los demás de la utilidad del proyecto se rendía ante la indiferencia generalizada o se transformaba en un francotirador aislado.
Ocurre que el docente de música aceptado oficialmente, es aquel que posee título extendido por conservatorios oficiales, y la formación que estos brindan se caracteriza en mucho de los casos por la ausencia casi absoluta de preparación referida al estudio y la práctica de la música popular, (conocimiento y práctica que corren por cuenta del docente, si es que ha tenido la inquietud y la posibilidad de lograrlos).
Para que la música popular sea el habitante natural de la actividad en la escuela es imprescindible que lo sea en la conciencia y la sensibilidad del docente, para que este pueda transmitirla al alumno como vivencia y no como "Objeto de laboratorio". Una chacarera acompañada por un piano que suena a 6/8 leído en una partitura; o un candombe uruguayo que, en el mejor de los casos, nos recuerda un samba brasileño, no generan en el niño, un conocimiento correcto de aquello que le transmitimos y lo que es más grave aún, no lo tomarán como suyo.
Pero si la falta de práctica y formación técnica generan estos inconvenientes mucho más grave es la postura estética que menosprecia o considera a la música popular un arte menor, sin comprender que no toda la misión ha sido creada para sentarse a escucharla en silencio en una sala de conciertos y que esta función del arte musical solo está en correspondencia con una determinada etapa del desarrollo social de una determinada cultura.
En cuanto a la enseñanza secundaria, toda esta problemática se reproduce agravada por el autoritarismo y el enciclopedismo que la caracteriza:
Si la escuela primaria ha llegado a Piaget, basta revisar los programas de psicología para definir en que marco teórico encuadra la enseñanza secundaria al sujeto del aprendizaje: el adolescente.
Y volvemos al principio, la educación como sistema reproductor de la cultura; la cultura oficialnunca ha sabido interpretar a la adolescencia, y creo que aquellos que intentamos acercarnos solo logramos resultados a medias:
Porque no podemos generar una expresión libre y espontánea en un ámbito hostil.
Porque los adolescentes de hoy han crecido en una sociedad “no animada”.
Porque el adolescente es el principal consumidor de los subproductos culturales que citábamos antes y por lo tanto es muy difícil encontrar las formas para transmitirles nuestra cultura popular.
Porque el adolescente se encuentra en la etapa de elección del objeto sexual, y el varón, desde los adultos recibe el mensaje que identifica la actividad artística muchas veces con la homosexualidad. Y en lo coral como actividad de mujeres. Basta observar la conformación de las agrupaciones.
Porque la falta de encuadre del adolescente en el marco de la psicología actual no es tarea que esté al alcance de los docentes de música.
Por todas estas causas, pensamos que a nivel de la enseñanza media, es necesaria una reforma general dentro de la cual podrán insertarse nuevas propuestas para el área estética que incluyan una revaloración del arte popular en general y la música en particular.
Transcurridos varios minutos de esta lectura, muchos de ustedes se preguntarán cuando comienzan las propuestas, pero creemos necesario profundizar en este análisis porque sin ello es inútil intentar nuevas formas para que la música popular se inserte en la enseñanza musical en la escuela primaria, y por el contrario, el reconocimiento de todos estos problemas encierran en sí mismo una nueva propuesta de la cual surgen naturalmente las formas instrumentales para llevarla a cabo.
Las propuestas de cambio depende de TODOS. Manos a la Obra